Mujeres campesinas obligadas a fungir como jefas de familia

Debemos rendir un reconocimiento a las  campesinas de México con motivo del Día de la Madre que se conmemora el día de mañana 10 de Mayo, la CNC seguirá en su lucha por todo el país para reivindicar los derechos de las mujeres rurales.
Reconozco  el trabajo de la mujer rural en sus hogares y en las tareas productivas del agro, sobre todo por el hecho de que los insumos del agro se han elevado en más de un 50 por ciento en los últimos meses y que, al mismo tiempo, en algunos lugares del país el kilo de tortilla se venda ya hasta en 16 pesos, o que refleja una carestía que se repite con la carne, derivados de la leche y en las oleaginosas.
Es injusto  que más de  900 mil madres campesinas se vean obligadas a fungir como jefas de familia, debido principalmente a que los padres dejan a sus mujeres e hijos en la orfandad, ya que emigran en busca de oportunidades de trabajo a las ciudades o a Estados Unidos.
Esto,  agrava las condiciones económicas familiares y se refleja en detrimento de la alimentación, salud, educación, vivienda, producción agrícola y relaciones laborales de las familias campesinas.
El 37.7 por ciento de las mujeres con hasta 24 años padecen pobreza  alimentaria en el medio rural; de 25 a 44 años, el porcentaje es de 34.8 por ciento; de  45  a 64 años es de 31.1 por ciento y de 65 en adelante 32.2 por ciento.
Un informe reciente de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), dijo, indica que una madre mexicana del sector rural trabaja 75 por ciento más que una brasileña, Colombia, Ecuador y Uruguay; 53 por ciento más que un hombre y 4 horas más que las madres que viven en las zonas urbanas.
La  lealtad y compromiso con su grupo de las mujeres campesinas  se refleja en el hecho de que en los 20 años, la población económicamente activa femenina creció en 261 por ciento, mientras que la masculina se elevó en sólo 104 por ciento.
Sin embargo, la incorporación al mercado laboral no ha generado para ellas una mejoría en sus condiciones de vida, ya que sus ingresos son sólo para sobrevivir.
Por ejemplo, repruebo  que más de un millón de campesinas que se emplean en las maquiladoras sufran constantes violaciones a sus derechos humanos, además de que sólo una cuarta parte de las 300 mil unidades de producción rural, cuenta con superficies exclusivas para mujeres.
En este sentido considero necesario revisar la política en materia de derechos agrarios, ya que menos de 600 mil mujeres poseen certificados o títulos de propiedad en un universo de 6 millones de hectáreas; es decir, menos de 10 por ciento del total.
Pienso que el  Gobierno Federal debe  revisar y diseñar las políticas agropecuarias con perspectiva de género, debido a que ya no se puede admitir que una cuarta parte de la población femenina del país, enfrente dobles y triples jornadas laborales sin reconocerse ni retribuirse su esfuerzo.
Es hora de que la sociedad mexicana valore de las campesinas del sector rural su aportación al desarrollo económico del país y esto se refleje en una mejoría en sus ingresos.

 

 


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